EL PADRE, NEYMAR Y EL ESPÍRITU SANTO

Ni me olvido del mundo en el que vivo (cada vez más obsesionado por la cuenta de resultados) ni dejo de ser lamentablemente consciente de que el fútbol se ha convertido en un “monstruo empresarial”, extravagante, caprichoso y viciado. No deja de ser cierto que no pocas conversaciones relacionadas con el mapamundi balompédico son poco menos que grandes temarios de economía. Y claro; uno se pierde entre tanta cifra mareante, entre tanta ecuación embriaga de intereses al servicio de un negocio delirante que cada día asusta más. No quiero hacer demagogia barata porque entiendo que todo tiene que ver con una especie de justicia capitalista a la que, de alguna u otra manera, todos hemos contribuido. Pero no está de más recodar algo: “nos han robado el fútbol como fenómeno cultural y tan solo nos ha faltado aplaudir”. El mercado finge exigencias de pureza que él mismo se encarga de acorralar. En mi humilde opinión, que es la de un amante del fútbol entendido como un lugar para escapar de la realidad rutinaria, estamos asistiendo a un disparate general que lo va atropellando prácticamente todo.

Parece ser que Neymar va a protagonizar nuevamente uno de esos “culebrones” veraniegos con el que vamos a ir entreteniendo los días. Parece ser también que los guionistas están trabajando a destajo y que los actores de reparto están ya muy metidos en lo que ya ha empezado a ser un espectáculo televisado, radiado, escrito, hablado y , permítanme decirlo, tan esperpéntico como grosero. Todo hace indicar que el matrimonio formado por el jugador brasileño y el máximo mandatario del PSG ha dejado de ser idílico, si es que alguna vez lo fue más allá de toda esa irrealidad elevada al cuadrado de la mucha cosmética financiera y escaso conocimiento deportivo. Lo cierto es que Nasser AlKhela’fi ya no está dispuesto a soportar las cosas que él mismo ha potenciado desde su mercantilizada atalaya . Nunca debemos olvidar que no es lo mismo ser un equipo de fútbol que un grupo de jugadores de fútbol luciendo una misma camiseta, por mucho que los nuevos símbolos de la modernidad pretendan convencernos de lo contrario.

Todos desconocemos cual será el final del nuevo culebrón “Neymar”; uno supone que iremos presenciando episodios cada semana, cada día y hasta uno cada ocho horas para que nuestro “atontamiento” les sirva a quienes nos venden sus negocios en forma de noticias pagadas por otros negocios. No sé si me explico…El caso es que no hay nada -futbolísticamente hablando- que me decepcionaría más que la vuelta del jugador brasileño al F.C.Barcelona. Porque miren: ya no es una cuestión de perdonar o no perdonar aquel patético circo que nos montó el clan Neymar hace un par de veranos. Aquí el problema es dar un mensaje que debilite de una manera preocupante los márgenes éticos que deben sostener a cualquier club con un mínimo de seriedad institucional. Si Neymar se fue por dinero, ¿que sentido tiene que ahora quiera regresar por razones deportivas que, dicho sea de paso, tampoco estarían claras?. Si el Barça se presta a la operación de su regreso simplemente por una petición expresa de Messi, me parece que el Barça se seguiría equivocando. En mi opinión, no se trata de hacer lo que diga Messi, sino de pensar de un modo global para que más allá de Messi el Barça vuelva a ser algo que concentre eficacia, belleza y admiración. Y vuelvo a una de mis frases favoritas de los últimos tiempos: “Messi es único, pero no debe ser lo único”.

El F.C.Barcelona viene padeciendo una descontextualización con respecto a ese estilo identitario que, a mi modo de ver, reclama una serie de necesidades que no pasan por la figura de Neymar, un futbolista “al que le sobra un cierto grado de exhibicionismo”. Simple opinión personal, que conste. Alguien puede pensar que uno perdió el norte o el campo de visión; pero al Barça le urgen más jugadores como Oyarzabal que jugadores como Neymar. Jugadores que ayuden o contribuyan a la regeneración de la colectividad y donde el talento esté al servicio de una idea grupal, bien conceptuada y firmemente estructurada. No existiría mejor regreso que ese. De nada sirve tener al mejor jugador del mundo, ni al segundo mejor del mundo, ni al tercero mejor del mundo si no se tiene una idea que consiga aunar complicidades y sinergias donde todos salgan fortalecidos desde sus libertades y sus responsabilidades. Eso es ser un equipo de fútbol. Y con respecto a Neymar, yo lo siento mucho. Una cosa es equivocarse (todos tenemos ese derecho), y otra cosa muy distinta es querer convertirte en un extravagante capricho andante por el nombre del padre, del dinero y del espíritu santo.

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